El delito de “stalking”

En el post de hoy, nos gustaría compartir con vosotros la primera Sentencia del Tribunal Supremo pronunciandose sobre el delito de “stalking” u hostigamiento, contemplado en el artículo 172 ter del Código Penal tras la reforma operada en el año 2015. Por medio de este delito se castiga a quien acose a una persona de forma insistente y reiterada, de forma que altere gravemente su vida cotidiana. En esta primera Sentencia, el Tribunal Supremo señala que para que la conducta sea constitutiva de este delito debe de prolongarse en el tiempo de manera que provoque la alteración de la vida cotidiana de la víctima. Siendo insuficiente que hayan tenido lugar algunos episodios concentrados en pocos días y sin vocación de continuidad, y que además no suponen alteraciones en los hábitos de la víctima.

Así en esta Sentencia se desestimó el recurso de una mujer que consideraba de aplicación dicho delito a su expareja sentimental. Los hechos probados describían cuatro actos de hostigamiento en el plazo de una semana consistente el primero de ellos en llamadas telefónicas en horas nocturnas, envíos de mensajes de voz y de fotos por medio de las cuales advertía su propósito de suicidarse si no era atendido, en una actitud claramente acosadora y de agobiante presión. El segundo acto de hostigamiento fue un intento de entrar en el domicilio de la victima de forma intimidatoria, un acto de acoso que ceso en cuanto llego la policía. El tercero, fue que el acusado volvió al domicilio gritando a la víctima que le devolviera objetos de su propiedad. Y el ultimo, un acercamiento a la víctima en un centro de educación exigiéndola que le devolviera una pulsera.

Pues bien, ante estos hechos, el Tribunal Supremo señalo que los mismos no eran constitutivos del delito de “stalking”, puesto que este nuevo delito de hostigamiento exige una cierta prolongación en el tiempo o que al menos quede patente y sea apreciable una voluntad de perseverar esas actuaciones intrusivas, y que no se trate de algo esporádico y puntual, ya que en este supuesto no nos encontraríamos ante condiciones idóneas para alterar la vida cotidiana de la víctima. Por ello, el Tribunal Supremo señaló que en el caso examinado no se apreciaba la idoneidad de obligar a la víctima alterar sus hábitos debido a la proximidad temporal de los episodios, la calma durante el periodo intermedio, la diversidad tipológica y de las conductas.

La alteración de la vida cotidiana podría verse reflejado en circunstancias tales como la necesidad de cambiar de teléfono, modificar rutas, rutinas o lugares de ocio, entre otras, ocasionado por una persecución repetitiva e intrusiva; obsesión, al menos aparente; aptitud para generar temor o desasosiego o condicionar la vida de la víctima; oposición de ésta….todo ello, ocurrido en un cierto de lapso temporal.

Así esta Sentencia señala que:

“No hay datos en el supuesto presente para entender presente la voluntad de imponer un patrón de conducta sistemático de acoso con vocación de cierta perpetuación temporal. El tipo no exige planificación pero sí una metódica secuencia de acciones que obligan a la víctima, como única vía de escapatoria, a variar, sus hábitos cotidianos (…) no es sensato ni pertinente establecer un mínimo número de actos intrusivos como se ensaya en algunas definiciones, ni fijar un mínimo lapso temporal. Pero sí podemos destacar que el dato de una vocación de cierta perdurabilidad es exigencia del delito descrito en el art. 172 ter CP, pues solo desde ahí se puede dar el salto a esa incidencia en la vida cotidiana.”.

Esperando que este post haya sido de vuestro interés y utilidad, quedamos a vuestra disposición en nuestra página Web: Portilla Arnáiz Abogados.