La condición de consumidor y usuario en contratos con finalidad mixta

En la entrada de hoy de nuestro blog, analizaremos si puede atribuirse la cualidad de consumidor cuando el contrato celebrado obedece a un propósito personal, pero también a uno profesional.

La determinación de si el prestatario ostenta tal condición en este supuestos problemático, es decir, cuando el préstamo tiene doble finalidad por ser destinado en parte a necesidades personales, y en parte a actividades comerciales o profesionales exige un examen susceptible de determinar cuáles son los objetivos predominantes atendiendo a las circunstancias concretas del contrato y los resultados de la prueba que hubiera sido practicada. De dicho examen se concluirá que el contratante debe ser considerados consumidor si la finalidad empresarial no es predominante en el contexto general del contrato celebrado, sino que se trata de un propósito marginal en comparación con la finalidad privada a la que obedece.

Así, el Tribunal Supremo (Sala de lo Civil), en la Sentencia 224/2017, de 5 de abril aplicó este criterio, estableciendo que cuando nos encontramos con contratos que obedecen a una doble finalidad y, por tanto, se plantea el problema de si cabe considerar como consumidor a quien destina el bien a finalidades mixtas, es decir, tanto a satisfacer necesidades personales como también comerciales o profesionales, y ante la ausencia de una regulación legal que dé solución a este caso concreto, deberá examinarse la globalidad de las circunstancias que rodean al contrato (mas allá de un criterio puramente cuantitativo) de la apreciación de la prueba practicada, la medida en que los propósitos profesionales o no profesionales predominan en relación con un contrato en particular. De manera que, cuando no resulte acreditado claramente que un contrato se ha llevado a cabo de manera exclusiva con un propósito ya sea personal, ya sea profesional, el contratante en cuestión deberá ser considerado como consumidor si el objeto profesional no predomina en el contexto general del contrato, en atención a la globalidad de las circunstancias y a la apreciación de la prueba.

El Tribunal Supremo, en la mencionada Sentencia no atribuyó la condición de consumidor a un prestatario tras haber quedado probado que el destino profesional del préstamo no fue marginal o residual, sino que fue preponderante, ya que se utilizó primordialmente, entre otros fines, para reparar y acondicionar todo un edificio para dedicarlo a negocio de alquiler inmobiliario. En consecuencia, si es predominante la finalidad empresarial en el contrato litigioso, el prestatario no puede tener la cualidad legal de consumidor.

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