Condenada la Xunta de Galicia a indemnizar a un menor autista por no recibir los apoyos necesarios en el colegio

Sitúa el TSJ de Galicia, Sala de lo Contencioso-administrativo, en la Sentencia 502/2017, 18 de Octubre, la responsabilidad de la Xunta de Galicia en la desatención educativa de un menor, diagnosticado de TEA (trastorno del espectro autista) al que fueron retirados los apoyos necesarios.

Fue un cúmulo de cambios en su entorno escolar lo que provocó su involución. Consecuencia de un concurso de traslados se cambió a su tutora, y consecuencia de la adscripción a otro centro educativo a su profesora de Pedagogía Terapéutica; y los pictogramas y/o apoyos visuales fueron retirados del aula.

Fue negligente la actuación del centro escolar al suprimir los apoyos visuales en el aula que resultaban imprescindibles para el menor hasta el punto de provocarle comportamientos disruptivos y una entrada en “bucle”.

No entiende la Sala como disponiendo el centro escolar de los apoyos visuales, porque se habían utilizado en los cursos anteriores, los suprimió cuando la educación y el apoyo comunitario son los principales medios de tratamiento del TEA, al ser un trastorno en el que es del todo necesario que los pacientes puedan contar con un ámbito espacial y temporal estructurado, con un entorno que les resulte previsible y que los cambios se introduzcan de manera gradual.

Aunque no comparte el TSJ la conclusión de la perito de haber sido el menor víctima de “maltrato”, sí está conforme en que la retirada de los apoyos es lo que le ha generado las conductas de descontrol e incluso ataques de pánico, conductas éstas que no fueron debidamente detectadas por el centro escolar.

En la cuantificación de la indemnización se destaca la incidencia de circunstancias ajenas al ámbito educativo, como el fallecimiento de la abuela, el cambio de domicilio o la perdida de alguna actividad extraescolar, por lo que se considera preferible fijar una cantidad a tanto alzado por lo que podría considerarse una “pérdida de alternativas educativas durante un periodo de un curso” .

Es daño indemnizable la angustia generada en la madre del menor al apreciar una regresión en la evolución de su hijo, máxime atendido el fuerte grado de implicación de la madre en el proceso educativo, aunque debe también tenerse en cuenta para cuantificar la indemnización que la situación ha sido finalmente superada y el niño sigue escolarizado en el mismo Centro educativo.

No acoge la Sala la pretensión indemnizatoria en cuanto a la presunta incapacidad parcial del menor porque en la evolución de personas diagnosticadas de TEA existe un factor de imprevisibilidad que impide afirmar con la necesaria rotundidad qué competencias habría llegado a adquirir el menor de su concreto proyecto curricular.

Esperando que este post haya sido de vuestro interés y utilidad, quedamos a vuestra disposición en nuestra página Web: Portilla Arnáiz Abogados.