Graves secuelas tras un puñetazo propinado por el portero de seguridad de una discoteca

El acusado, que trabajaba como portero en una discoteca en Ibiza, tras negar por dos veces el acceso al establecimiento a la víctima, le propinó, de forma repentina, un puñetazo en la cara que hizo que perdiera el equilibrio y cayera desplomado golpeándose la cabeza contra el suelo. Las secuelas que el traumatismo cráneo-encefálico severo con hemorragia le ocasionaron, han derivado en una incapacidad laboral por síndromes psiquiátricos, trastorno orgánico de la personalidad moderado, un síndrome neurológico de origen central, deterioro de las funciones cerebrales superiores, y una limitación grave que le impide una actividad útil de casi todas las funciones sociales e interpersonales diarias; sin olvidar la cicatriz por la traqueotomía en base del cuello. Ha requerido tratamiento psiquiátrico y psicológico al presentar ideas suicidas, y las secuelas han afectado también a su familia, especialmente en su pareja, quien debe afrontar las obligaciones familiares al tener una hija menor.

Pivota el recurso sobre el origen del traumatismo, y se cuestiona si fue accidental o si tuvo su origen en una agresión previa. Niega el acusado haber agredido al denunciante, pero uno de los testigos, que fue quien avisó a la policía, fue muy elocuente al relatar que si le propinó un puñetazo. La prueba practicada lleva a la Audiencia a considerar acreditado que existió una agresión, y que fue el puñetazo la causa de la caída, relación causal, también asumida por la pericial forense.

La defensa del acusado cuestiona que el dolo abarque el resultado lesivo, y por ello plantea que los hechos se tipifiquen como un delito de lesiones por imprudencia. La Sala ha considerado que existe una desviación del curso causal, porque las lesiones no derivan directamente del puñetazo, sino de la caída al suelo y el golpe en la cabeza, por lo que, si bien aprecia dolo en cuanto al puñetazo, no entiende que este dolo alcance al resultado lesivo finalmente producido, porque tan grave resultado era probabilidad más bien escasa que difícilmente el acusado pudo representarse, lo que implica estar ante un concurso ideal entre un acto inicial doloso, el delito de lesiones, y un resultado de lesiones causadas por imprudencia. Descartada la agravante de alevosía, si aplica la sentencia la agravante de abuso de superioridad, de un lado, por el estado de embriaguez de la víctima -que hacía que su capacidad de reacción estuviera mermada-, y de otro, porque la fuerza que podía desplegar el acusado era mucho mayor que la de la víctima y porque aquél tenía una mucha mayor destreza por su condición de practicante del boxeo.

En cuanto a la responsabilidad civil, se condena al acusado, conjunta y solidariamente con la entidad para la que trabajaba y con sus aseguradoras, aunque a éstas hasta el límite de su cobertura, a indemnizar a la víctima con la suma de 323.948,56 euros por las graves secuelas que la agresión le ha dejado.

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