El orden de los apellidos y el interés del menor

El procedimiento que ahora se examina conoció de un asunto que se inició con un escrito ejercitando una acción personal de reclamación de filiación paterna no matrimonial, sin posesión de estado, presentada respecto a su hijo menor, fruto de una relación sentimental, inscribiéndose en el Registro Civil de Valladolid como hijo de esta, con sus dos apellidos, interesando en la demanda no sólo el reconocimiento de dicha filiación paterna de carácter no- matrimonial, sino que se modifique la inscripción practicada en el Registro Civil en tal sentido, todo ello al amparo de los arts. 108 y ss del Código Civil.

A esta pretensión se opuso la parte demandada que no niega ni la relación sentimental unos meses en 2008 e inicio del 2009, ni tampoco la filiación paterna, si bien manifiesta que fue abandonada por el actor nada más conocer el embarazo rehusó a cualquier detalle al respecto instando a la interrupción de la gestación, habiendo conocido en todo momento a través de su propia familia tanto el hecho del nacimiento, como de la inscripción, no habiéndose preocupado nunca de las necesidades del menor y sin relación alguna con el mismo hasta la presentación de esta demanda.

Por ello, estima que el actor carece de acción para reclamar dicha filiación en este momento (pasados 6 años desde el nacimiento del menor), art. 133 Código Civil 2.º que establece el plazo de 1 año desde el conocimiento de los hechos respecto al padre, siendo su ejercicio contrario al interés del menor el cual lleva una vida normal y cotidiano con los apellidos maternos (tarjeta Sanitaria, DNI, en el colegio…). De modo subsidiario, aún admitiendo la filiación paterna, que no niega, solicita la demandada que no procede modificación alguna en cuanto a los dos apellidos usados por el menor.

En atención a esta circunstancia es necesario destacar los principios que inspiran la Ley 20/2011, de 21 de julio, del registro civil, y en concreto, en lo que es de interés para el recurso, en relación con el nombre y los apellidos.

En el apartado 5.º del Preámbulo se afirma que «el nombre y apellidos se configuran como un elemento de identidad del nacido derivado del derecho de la personalidad y como tal se incorpora a la inscripción de nacimiento».

Y añade que «con el fin de avanzar en la igualdad de género se prescinde de la histórica prevalencia del apellido paterno frente al materno permitiendo que ambos progenitores sean los que decidan el orden de los apellidos».

Tal preámbulo se traslada normativamente al artículo 49 de la Ley, y en él se dispone que «la filiación determina los apellidos» y que «si la filiación está determinada por ambas líneas, los progenitores acordarán el orden de transmisión de su respectivo primer apellido».

En defecto de acuerdo «…el Encargado acordará el orden de los apellidos atendiendo al interés superior del menor».

– De la normativa citada y preámbulo que le antecede se colige lo siguiente:

(i) Que el derecho de la personalidad del nacido exige como elemento de su identidad que aparezca inscrito con nombre y apellidos.

Que los apellidos vienen determinados por la filiación.

(ii) Que en la determinación de su orden se han de ponderar y aplicar dos derechos de especial relevancia, el de igualdad por razón de sexo y el de interés superior del menor.

La sentencia Nº 496/2018 del Tribunal Supremo, Sala 1ª, de lo civil, 14 de septiembre de 2018 a partir del interés superior del menor, y en aras a su protección ha entendido que esté a su nombre acompañe los apellidos de ambos progenitores, por no apreciar motivo legal para suprimir el del padre, pero respecto al orden entre ellos que tenga preferencia los de la madre respecto a los del padre.

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